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Flash 2013: Hace Un Millón de Años

17 enero, 2014

Cuenta la leyenda que en noviembre de 1891 la Sociedad Secreta de Altneuschul, encargada de custodiar el famoso Golem de Praga, pasó furtivamente por Minsk en su camino a San Petesburgo. El objetivo del traslado era despertar al mítico gigante de barro en la capital zarista para proteger a los judíos durante los duros pogromos. Toda la operación se hizo con el sigilo más cuidadoso, cubriendo los 2.000 Kms de distancia alojándose etapa a etapa en casas de personas de máxima confianza. Y fue a medio camino, en Minsk, con los hombres en la sinagoga y el Golem a buen recaudo en el sótano de la casa de los Meir, cuando el travieso hijo pequeño Lazar decidió jugar a ser el rabino Loew. Así que Lazar Meir, de 7 años, obsesionado como estaba con los cuentos y el arte de contar historias y más tarde conocido como Louis B. Mayer, enrolló alrededor de la gruesa muñeca de arcilla las siete jamsas, puso un carboncillo en la enorme mano toscamente esculpida, y exortó al ser a que le desvelase el secreto de cómo captar la atención de la gente y divertir al pueblo como hacían los cómicos itinerantes.

Porfaaaaaa

Porfaaaaaa

Entonces la estatua, con su gusto por las palabras sueltas, empezó a escribir lentamente la famosa lista de siete elementos que añadidos, hacen que cualquier ficción se haga más rica y profunda, más interesante y mágica. Y puso:

TETAS
DINOSAURIOS
KUNG FU
ZOMBIES
TIBURONES
ARENAS MOVEDIZAS
UN FRANCOTIRADOR MONTANDO UN RIFLE

La historia a partir de ahí varía según las fuentes. Unos dicen que el Golem tras terminar de escribir se desmoronó en pedazos, otros que sólo se le deshizo la mano, y otros que el niño se escabulló sin ser descubierto pero que ya en San Petesburgo la escultura al ser animada simplemente gritaba “¡DADME MAMELLAS Y TRICERATOPS!” y “¡HOOOSTIA QUE VA! ¡SESOOOOS!” haciendo gestos obscenos y no consiguieron que salvara a un sólo judío. En lo que sí coincide todo el mundo es que el futuro Louis B. Mayer llevaba ese pergamino cuando emigró a Estados Unidos, y que hizo buen uso de la sabiduría que tenía encerrada cuando creó el estudio Metro Goldwyn Mayer. Pergamino que se mantuvo en secreto hasta que Irving Thalberg se topó con él casualmente mientras buscaba unos contratos en la caja fuerte de su jefe. Sólo su tacto le enfermó terriblemente, haciéndole delirar presa de la fiebre las siete palabras hasta que finalmente murió. Cuando la enfermera que le cuidaba filtró sus últimas frases a la prensa la lista pasó a ser de dominio público y ha sido ampliamente usada por todos los estudios hasta hoy (este hecho sirvió además como inspiración a Orson Welles para el Rosebud de Ciudadano Kane). Y así llegamos al año 1965. Un ejecutivo de la productora británica Hammer buscando un bombazo en taquilla tiró del listado, se cansó de leer en el punto 2 y decidió que con eso era suficiente para montar una película. Para ello decidió contratar a los mejores en cada campo: Raquel Welch y el mago del stop-motion Ray Harryhausen, sin embargo, los dinosaurios que creó Raquel Welch no resultaban convincentes ni tampoco el erotismo de Ray Harryhausen en bikini,

Tenía tendencia a encheparse

Tenía tendencia a encheparse

por lo que el ejecutivo fue fulminantemente despedido. Su sucesor sin embargo, con el instinto de que la dirección era buena, decidió en un golpe maestro cambiar las tareas y gracias a ese punto de inflexión tenemos hoy este clásico de aventuras. Clásico de aventuras que pude ver en pantalla grande aprovechando uno de los viajes que estoy haciendo últimamente a Barcelona. Porque una de las ventajas que tiene la ciudad condal respecto a mi querida villa de provincias es que cuenta con una masa crítica de gente interesada en el cine capaz de mantener una iniciativa tan estupenda como la del Phenomena y sus sesiones de clásicos (en el sentido más amplio de la palabra) en 35mm y v.o.s. La película aguanta bien gracias al encanto que aún tienen los espectaculares efectos especiales, mientras cuenta las peripecias de un troglodita con aspecto de Sandokán que tiene que huir de su tribu mientras esquiva dinosaurios para acabar encandilando a la cavernícola maciza de la tribu de al lado. Ni que decir tiene que el rigor histórico no es lo que tenían en mente al hacerla, pero que da igual frente al sentido de la maravilla y el eye-candy. Una forma estupenda de pasar un domingo por la tarde.

Vacaciones en Canarias el verano pasado

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