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Flash(back) 2013: Taking Woodstock

18 septiembre, 2013

Si hacemos caso a las enseñanzas de Timothy Leary (y por qué no íbamos a hacérselo, total era “el hombre más peligroso de Norteamérica” según Richard Nixon) el LSD y las drogas psicodélicas serían herramientas útiles dentro de la psicoterapia para solucionar problemas mediante experiencias de conciencia agrandada. La idea es que provocando químicamente que se abran esas “puertas de la percepción” podemos liberarnos de traumas que nos impiden avanzar en nuestro desarrollo, recalibrando nuestras prioridades. Y esa teoría es la que articula a la amable Taking Woodstock. Como prácticamente todas las películas de Ang Lee, el nudo es la historia de una familia, en este caso la de los inmigrantes rusos que arrendó su motel a la organización de los “Tres Días de Paz y Música”. Dificultades con los permisos, caos en los accesos, tensiones con los vecinos más conservadores, un protagonista con aspiraciones artísticas y armarizado que se siente atrapado en un pueblo pequeño, y el contraste entre la libertad y el idealismo de los hippies con el del resto de la sociedad. Todo contado en tono ligero y aparente falta de conflicto donde los antagonistas sencillamente van desapareciendo, algo que fue bastante criticado en el estreno y al que se puede sacar alguna pega. Ang Lee venía de rodar los dramas Brokeback Mountain y Deseo, Peligro, y da la sensación de  haber querido hacer un giro de 180º contando una historia optimista, y si hay algo que se preste a la idealización es el movimiento contracultural de los 60. Sin revisionismo histórico (salvo un guiño al desastre de Altamont al final), ni demasiada profundidad, ni política, sencillamente se centra en ese momento en el que parecía que un cambio era posible por la pura inercia del buen rollo, que los problemas habrían desaparecido solos al final del viaje lisérgico. Con la perspectiva de los años ya sabemos que no fue así, pero la película tampoco busca convencer de lo contrario, simplemente pretende hacer pasar un buen rato. Y en ese sentido, Taking Woodstock es tan agradable de seguir como la canción “Cuéntame una Historia” de los franceses M83, que viene a hablar de lo mismo:

We can be a whole group of friends A whole group of frogs Jumping into the streets Jumping into the planet Climbing up the buildings Swimming in the lakes and in the bathtubs We would be hundreds, thousands, millions The biggest group of friends the world has ever seen Jumping and laughing forever It would be great, right?

We can be a whole group of friends
A whole group of frogs
Jumping into the streets
Jumping into the planet
Climbing up the buildings
Swimming in the lakes and in the bathtubs
We would be hundreds, thousands, millions
The biggest group of friends the world has ever seen
Jumping and laughing forever
It would be great, right?

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