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ZINEMALDIA 2011: The Deep Blue Sea

3 octubre, 2011

Director / País: Terence Davies / Reino Unido – Estados Unidos

Reparto: Tom Hiddleston, Rachel Weisz, Simon Russell Beale,

Si su eslogan fuera honesto: Queríamos melodramón, nos quedó melodramonguer.

Al tema: Imaginen que llevan a una cita a cenar en un romántico restaurante. Uno de esos con velas y manteles de tela y ficus auténticos (!!) en la puerta. Imaginen que mientras esperan a que les atienda el camarero, se acerca un violinista y empieza a tocar una romántica pieza pegado a su oreja mientras no para de repetir “oh, qué bella mujer tiene enfrente, enamórese de ella, venga, cójala de la mano, ¿no ve qué ojos tan hermosos?” ñññññiroñiiiiiiii, ñironiaaaaaaaaaaa invadiendo su espacio. Pues básicamente así de molesta resulta la música en las primeras escenas de esta película, donde se presenta la historia de amor de Rachel Weisz de una forma tan exageradamente melodramática, que resulta imposible empatizar con ella. La escena está montada según un concierto de Samuel “mi adagio sonaba en Platoon” Barber, y tiene alguna idea visual interesante como ese plano cenital de los amantes desnudos, pero la excesiva emoción ahoga la escena y resulta fallida. A partir de ahí varios flashbacks nos dan más datos sobre el infeliz matrimonio y el infeliz adulterio que sufre la prota con dos arquetipos extremos, el estiradísimo juez incapaz para la pasión y dominado por su madre, y el veterano de guerra alérgico al compromiso sin mayor interés que contar batallitas y destruirse el hígado con alcohol. Y como esto adapta una obra de teatro, todas sus flaquezas se las sueltan en engolados diálogos expositivos perfectamente claros y enfáticos y por tanto absolutamente artificiales. Tiene además un final que se alarga dolorosamente, en una secuencia (sin música esta vez) que provocó suspiros y deserciones en nuestra sesión. 

Nota: Un 3. Merecería un 2 por fallida, pero Rachel Weisz es guapa a rabiar y Terence Davies mete sin venir a cuento un bellísimo travelling en una estación de metro durante el Blitz que me dejó turulato. 

Triste porque no salen tiburones inteligentes comiéndose a Samuel L. Jackson. Gracieta obligatoria.

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